Emilio Martínez, Dir. Departament d'Escultura de la UPV
La perdida de lugar en el arte contemporáneo.

La íntima relación con el lugar es una situación igualmente importante y cambiante que definirá el desarrollo y las características del arte en la actualidad. Algunas de las reflexiones más fructíferas sobre arte contemporáneo han interrogado esta situación. El ensayo de Rosalind Krauss La escultura en el campo expandido aseguraba que la relación del arte con el lugar sería un elemento determinante en la nueva naturaleza de las prácticas artísticas contemporáneas, que hasta entonces se enmarcaban dentro de la disciplina de la escultura. La relación íntima entre escultura y arquitectura, y su identificación con el "lugar" de emplazamiento, era clave para entender naturaleza de la escultura hasta finales del siglo XIX. Bajo el concepto "lógica del monumento", la escultura era un "hito", ubicada en un lugar concreto que señalaba un significado/acontecimiento específico. Figurativo y vertical, con un pedestal mediador entre el emplazamiento y el signo representacional, pertenecía a la lógica de la representación y señalización.


Los Burgueses de Calais

, Las puertas del infierno, el Balzac, de Rodin, son un indicador de un cambio en esta situación. En LosBurguesesdeCalais, Rodin reduce el pedestal a su mínima expresión, integrándolo en la propia escultura. Laspuertasdelinfierno, concebida expresamente para un lugar concreto, es finalmente ubicada en un emplazamiento distinto del previsto inicialmente. Por último, el Balzac es tratado con tal subjetividad temática y formal que produce un enorme rechazo entre el público de la época. Estos acontecimientos suponen los primeros indicios de un cada vez mayor cuestionamiento de la "lógica del monumento" imperante hasta ese momento, dejando entrever un proceso gradual de perdida de "lugar", propio de la escultura dentro de esa misma lógica.


La fragmentación, la absorción de la base o pedestal, la representación de los propios materiales o procesos constructivos, eran algunas de las operaciones artísticas que definirían las nuevas condiciones en las que se movería el arte durante el siglo XX y será definido por Rosalind Krauss como "condición negativa" del monumento. Todo ello dará lugar al monumento modernista abstracto, autorreferencial, desplazado.


Esta situación sufrirá una transformación radical en la segunda mitad del siglo XX con la aparición de una serie de prácticas artísticas que ya no atienden a estas lógicas del monumento e incluso resultan difícilmente clasificables como esculturas. El minimal, el ladart, el processart en Estados Unidos plantean conceptos novedosos en su relación con el objeto escultórico y con el lugar donde se materializan estas practicas. En un intento de describir los cambios que se estaban operando en el arte, Rosalind Krauss planteará un esquema de estructuración de estas nuevas manifestaciones artísticas a partir del binomio arquitectura - paisaje. Conceptos ambos estrechamente ligados a la noción de sitio, de lugar. Describe un tipo de obra que reclama una ubicación específica, una relación contextual con el lugar donde se instalan. Una necesidad de inscripción que concretará la idea de "lugar" en la de "sitio" específico.


Quizás sea en el landart donde más evidentemente encontramos este proceso de reinscripción del arte en el lugar, sitespecific (Robert Smithson, Michael Heizer, Walter de Maria, etc.). Sin embargo, es en las practicas artísticas relacionadas con la arquitectura, con la ciudad, donde cada vez es mayor la necesidad de reinscripción del arte en su contexto, que no será exclusivamente físico, arquitectónico, sino también social: "tanto los artistas que trabajan en el dominio público de la ciudad -parques, la calle, jardines- como los que prefieren los solitarios paisajes desérticos, ambos han necesitado ligar la obra dialécticamente al sitio".

Esta necesidad de reinscripción, esta búsqueda de lugar, dentro de un contexto físico y social, ya sea en la naturaleza o en la ciudad, corre en paralelo y en dirección opuesta a una deslocalización del arte actual sin precedentes. Para algunos los procesos de reinscripción, supondrán el canto del cisne, el último coletazo del arte tal y como lo entendemos en la actualidad.


La irrupción de las nuevas tecnologías basadas en la capacidad de transmitir información en señales eléctricas, permite una "intercomunicación casi instantánea" y sin precedentes, entre el factor y el espectador. Mientras que en las técnicas de la imagen que mayor desarrollo han experimentado en el siglo XX -la fotografía y el cine- la imagen virtual se transmitía en diferido, la imagen transmitida a través de tecnologías electromagnéticas se trasmite en tiempo real. La deslocalización anunciada se dará en términos de "dislocación espacial y temporal", permitiendo una absoluta virtualización. "Avanzamos en contra de la barrera del tiempo, la virtualidad es la velocidad electromagnética que nos lleva al límite de la aceleración, es una barrera irrebasable… hemos alcanzado ya la velocidad de la luz".


Se trata de la emisión y la recepción de imágenes en tiempo real que desaparecen una vez trasmitido su sentido. La virtualidad nos ofrece una experiencia sensitiva y que desaparece sin el residuo objetual de aquello que la ha producido. El continuo desplazamiento desde el objeto artístico hacia el acontecimiento es uno de los procesos más importantes en el arte desde principios del siglo XX, a partir principalmente de la influencia de las disciplinas temporales, el teatro, la danza, y que bajo la forma de performance constituye uno de los medios de expresión artísticos que acompañará todo el discurrir del arte moderno hasta nuestros días. Las nuevas tecnologías permitirán a este nivel performativo la eliminación de la presencia del factor y del espectador en el lugar concreto. El factor y el espectador podrán ocupar situaciones espaciotemporales completamente diferentes, haciendo innecesario el objeto artístico como vehiculador de la experiencia estética, siendo sustituido por la máquina que generará las imágenes o los estímulos necesarios para la experiencia y que serán totalmente instrumentales, temporales, sin residuo objetual.


Para Virilio, esta nueva situación del arte está vinculada con su dimensión en cuanto energía en transformación: "la deslocalización de la que estoy hablando procede del electromagnetismo. Los problemas de la proximidad, de la localización si se quiere, han estado siempre vinculados a las energías... Se necesita energía para deslocalizar, para perder el lugar". Desde la energía propia de la dimensión animal del ser humano y que se manifestaba por la relación de proximidad, inmediatez con el medio, con el lugar que proporciona su capacidad de ir a pie o a caballo. Y todo eso pasando por la energía propia del desarrollo de las tecnologías mecánicas, representadas por el ferrocarril o por el automóvil, y el distanciamiento que nos proporcionara respecto al lugar convertido en paisaje cinético. Hasta la nueva era, donde las tecnologías electromagnéticas nos proporcionarán una relación casi instantánea con los acontecimientos y lugares, virtuales. Para Virilio en esta situación "el arte ya no tiene lugar, se ha convertido en pura energía"; por lo menos el arte tal y como lo concebimos en la actualidad.

"El yo es el centro del mundo; ¿cómo podría, en efecto, existir un mundo en el que el yo no sea el centro? Una fenomenología del espacio, como una fenomenología del tiempo, tendría su punto de partida en el lugar que ocupa mi cuerpo. Aquí y ahora, tomándolo como centro".


La percepción de la obra de arte a través de la "presencia" del objeto artístico está puesta en entredicho, después de la enorme difusión de las tecnologías de la comunicación, de la introducción generalizada del concepto de telepresencia. Hasta qué punto se va a extender al campo del objeto, la pérdida de su condición "áurica", tal como describía Benjamin respecto a la obra de arte con la aparición de la imagen fotográfica.


¿Vamos a seguir necesitando la transmisión de la experiencia estética, ideas, imágenes, a través de la presencia física de las obras artísticas? El concepto de presencia de la obra y del espectador en la exposición, todavía sigue siendo importante, pero ¿hasta cuándo seguirá siendo importante el aquí y ahora?





1

Vegeu Rosalind Krauss. La escultura en el campo expandido. VVAA(1985): La posmodernidad, Kairos, Barcelona.

2

Javier Maderuelo (1990): El espacio raptado. Mondaroni.

3

Vegeu Catherine David, Paul Virilio. Alles Ferting: se acabó (una conversación). Acción Paralela. Núm. 3.

4

Catherine David, Paul Virilio. Alles Ferting: se acabó (una conversación). Acción Paralela. Núm. 3. pàg.18.

5

Abraham Moles (1972): Psicología del espacio..Ed. Ricardo Aguilera. Madrid. Pàg. 15.

6

Walter Benjamin. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, en Discursos interrumpidos.