amb la guerra preventiva contra Iraq?

Sadam tiene la última palabra

Por JOSÉ MARÍA AZNAR. Presidente del Gobierno

EL mundo está a la espera de que Sadam Husein cumpla con la legalidad internacional. Es el dictador iraquí quien tiene la última palabra. Sus opciones son claras y evidentes. No caben opciones intermedias: si cumple efectivamente, como todos deseamos, las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y certifica su auténtica voluntad de desarme, despejará las sospechas que alimenta en las naciones libres la actitud de su régimen en relación con el mantenimiento de la paz mundial. Si por el contrario insiste en impedir la verificación de sus arsenales de destrucción masiva, dejará pocas dudas sobre sus intenciones funestas y sobre la amenaza que representa para la seguridad de todos.

El prontuario de sus crímenes y agresiones sitúa a Sadam a la cabeza de los peores dictadores del último medio siglo. Tirano cruel con los suyos y agresor continuado de sus vecinos, Sadam es responsable de cientos de miles de muertes en guerras por él desencadenadas, en la represión de sus compatriotas y en la purga de opositores e incluso miembros de su propia familia.

Su historial posee páginas negras en el empleo de armas de destrucción masiva. Ya en su guerra contra Irán no dudó en utilizar gases tóxicos, pero fue en 1988, al atacar con gases mostaza y sarín la población kurda de Halabja, cuando reveló al mundo su más despiadada inhumanidad. Este ataque con evidentes intenciones genocidas provocó la muerte de miles de civiles.

Nada demuestra que su predilección por este tipo de armas haya disminuido en estos años. Al contrario, su manifiesta voluntad de evitar el control y la vigilancia internacional sobre sus arsenales, no prueban sino la confianza de Sadam en las armas de destrucción masiva como recurso principal de su poder intimidatorio.

A raíz de la expulsión de sus tropas de Kuwait en 1991, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 687, que estipulaba la destrucción de todas las armas de destrucción masiva que pudiera tener, ya fueran nucleares, químicas o biológicas, así como el desmantelamiento de las instalaciones para su fabricación. Asimismo establecía la prohibición de poseer misiles balísticos, esto es, de alcance superior a los 150 kilómetros.

La Resolución 687 no estará cumplida mientras no haya desarme completo, efectivo y verificado. Cuando en 1998 Sadam expulsa del territorio iraquí a los inspectores de la ONU responsables de certificar el cumplimiento de las limitaciones fijadas en la resolución, volvió a desafiar a la comunidad de naciones situándose fuera de la legalidad internacional.

No fue una decisión tomada por capricho, sino un paso premeditado para volver a alimentar la tensión mundial. Una práctica que representa una expresión más de la naturaleza de los dictadores como él, que necesitan alentar la intranquilidad de los demás para justificar la opresión de su régimen sobre el ejemplar y sufrido pueblo iraquí, convertido en auténtico rehén desde hace más de veinte años.

Desde 1991 Sadam ha incumplido numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. No menos de una decena. Lo que exige la resolución 1441 es la verificación del desarme. El cumplimiento de todo lo que se le ha reclamado anteriormente. No pide que se busquen armas prohibidas, sino que Sadam demuestre que ha destruido el arsenal que sabemos que tenía en 1998 y los materiales que pueda haber fabricado o almacenado desde entonces. Dicho de otra manera, es a Sadam a quien corresponde probar que se ha desarmado y no a la comunidad democrática internacional probar que el armamento prohibido está en algún sitio.

Estamos hablando de un mortífero arsenal compuesto por toneladas de agentes químicos y biológicos como el carbunco, el gas mostaza, el sarín, o el VX, entre otros. Sustancias cuya utilización, en algunos casos con muy pequeñas cantidades, puede conllevar la muerte de miles de personas. Hace poco más de un año pudimos comprobar toda la alarma que se pueden crear con unos pocos gramos de ántrax. Sadam tiene 8.500 litros de esta sustancia. Y se niega a decir qué ha hecho con ellos.

La amenaza que representa Sadam nos lleva necesariamente a pensar en el peligro que suponen los grupos terroristas. La utilización de armas químicas o biológicas por estos grupos es uno de los riesgos más graves a los que nos enfrentamos. Un riesgo cierto si se recuerda que, desde el 11 de septiembre de 2001, los terroristas han roto todas las escalas en su acción criminal.

La amenaza de una progresión en la envergadura de los atentados no es un simple temor carente de base, porque ya hemos constatado que los terroristas están dispuestos a hacer todo el daño de que sean capaces. Sin el menor límite moral. Sin más límite que los medios que sean capaces de obtener.

Si no actuamos con firmeza, es sólo cuestión de tiempo que estas armas sean usadas por los terroristas, con efectos devastadores. Y que sean usadas en cualquier lugar del mundo sin que su elección se atenga a otra lógica que la de provocar la mayor destrucción posible. Lo hemos visto en Nueva York. Lo hemos visto en Bali. Lo hemos visto en Kenia y Tanzania. A esta misma lógica se debe el que terroristas armados de las mismas intenciones hayan sido detenidos en varios países, como Alemania, Gran Bretaña o España.

Es esencial para la seguridad de las naciones libres evitar que armas de destrucción masiva caigan en manos de grupos terroristas. Por tanto, tenemos que evitar su proliferación en manos de un dictador sin escrúpulos como Sadam Husein.

Es responsabilidad de las naciones libres enfrentarse unidas al terror. El terrorismo es un problema mundial, que debe ser afrontado con firmeza y cohesión en todo el mundo. Así lo entendemos nosotros y así lo entienden nuestros países amigos, socios y aliados.

El objetivo del terror es todo el mundo democrático. También España. Lo sabemos por nuestra propia y dolorosa experiencia. No podemos permanecer ajenos a cuantos intentos se hagan por combatir regímenes que apoyan el terrorismo. No podemos tampoco ser insolidarios con nuestros amigos y aliados que se enfrentan a ellos. Nuestro compromiso recíproco es ayudarnos. Cuando se da la espalda a una amenaza como el terrorismo se tienen muchas más posibilidades de quedar inerme, de ser la siguiente víctima.

Ante estos riesgos, la comunidad internacional debe tomar decisiones firmes. Los mensajes apaciguadores son captados por los tiranos y los terroristas como señales de debilidad, como estímulos para poder continuar sus agresiones sin temor alguno a tener que enfrentarse a las consecuencias de sus actos.

Si la comunidad democrática internacional no lanza ahora un mensaje inequívoco, estaremos enviando un peligroso mensaje a cualquiera que quiera poner en peligro la seguridad mundial. Tenemos que estar dispuestos a exigir, por todos los medios, el cumplimiento de la legalidad internacional. Aquel que amenace la paz debe asumir sus responsabilidades.

Hoy mismo se reunirá el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el fin de examinar la situación determinada por la actitud del régimen iraquí. Tras doce años de sistemáticos incumplimientos de sus resoluciones, el Consejo no puede aceptar más burlas a su autoridad sin que vea erosionada gravemente la misión que le encomienda la Carta de las Naciones Unidas para preservar la paz y la seguridad internacionales.

Necesitamos que se produzca el desarme del régimen iraquí, y que ello sea algo constatado y certificado. España apoya la adopción de una nueva resolución del Consejo de Seguridad que señale con claridad un plazo breve y definitivo para el desarme. Estamos trabajando para conseguirlo. Y lo hacemos así porque estamos convencidos de que las Naciones Unidas no pueden permitir que su credibilidad quede en manos de Sadam Husein.

Los valores que sustentan la convivencia en las naciones democráticas se han forjado a lo largo de la historia en la lucha contra poderosas amenazas. En el siglo XX, de las ruinas provocadas por los totalitarismos nazi y comunista, surgió fortalecida la conciencia a favor de la paz y de la libertad. Dos valores que no todos aprecian. Hoy todavía tienen enemigos inflexibles de los que debemos defendernos. Mirar para otro lado sería una gravísima irresponsabilidad. Sería tanto como entregarles, en bandeja de plata, nuestra libertad y nuestra seguridad.


Iraq no es la amenaza

Mo Mowlam, miembro del gobierno de Tony Blair entre 1997 y 2001

The Guardian, 5 de septiembre de 2002
Traducción: CSCAweb (www.nodo50.org/csca)

"Todo este asunto no tiene nada que ver con ninguna amenaza de Iraq: no existe tal amenaza. No tiene nada que ver con la guerra contra el terrorismo o con la moralidad. Sadam Husein es obviamente un hombre pernicioso, pero cuando le vendíamos armas para que mantuviera a los iraníes en su sitio lo era tanto como hoy. Era un instrumento entonces y lo es ahora. Del mismo modo que sirvió a los intereses occidentales entonces, es ahora el sujeto de la distracción mañosa para proteger el abastecimiento del petróleo occidental".

Según escucho las palabras de la Administración Bush sobre Iraq, aumenta mi alarma. Parece reinar la confusión, pero la inexorable determinación de que van a lanzar un ataque militar prevalece. La respuesta del gobierno británico parece igualmente confusa y sólo espero que la determinación de atacar finalmente Iraq no sea la piedra angular de su política. Resulta difícil imaginar en la actualidad que George Bush pueda retirar sus belicosas palabras y salvar la cara pero espero que ello sea posible. De no ser así, temo enormemente por Oriente Medio y también por el resto del mundo.

Lo que resulta más escalofriante es que los halcones de la Administración Bush deben conocer los riesgos que implica. Deben de ser conscientes del temor de Egipto y Arabia Saudí por las revoluciones que una guerra contra Iraq puede desatar, por los gobiernos pro-occidentales que puede deponer y el reemplazo de regímenes fundamentalistas islámicos anti-estadounidenses que podrían establecerse en su lugar. Se debe recordar la revolución islámica de Irán. El Sha contaba con el respaldo de EEUU pero no pudo mantenerse contra la voluntad del pueblo. Por ello, estoy seguro de que [los halcones de Bush]comprenden las consecuencias de sus acciones, de las cuales me temo lo peor. Y estoy llegando a la conclusión de que deben querer crear tal caos.

Las muchas palabras que se están pronunciando sobre Sadam Husein al respecto de que tenga armas de destrucción masiva -las cuales no son nunca respaldadas por signos de evidencia- significan muy poco. Incluso si Sadam las tuviera, ¿con qué propósito podría querer utilizarlas? Sabe que ante cualquier movimiento para ocupar los campos de petróleo de los países vecinos la totalidad del mundo occidental se alinearía en su contra. Sabe que si atacase a Israel ocurriría otro tanto. Las comparaciones con Hitler son necias -Hitler pensó que podría ganar; Sadam sabe que no puede. Incluso aunque tuviera armas nucleares no puede ganar una guerra contra EEUU. EEUU puede contenerlo fácilmente. No necesita forzarle a tal irracionalidad.

Arabia Saudí, el país clave

Pero eso parece ser lo que Bush quiere hacer. ¿Por qué está tan decidido a correr el riesgo? El país clave en Oriente Medio en lo que respecta a EEUU es Arabia Saudí: el país con las más grandes reservas de petróleo del mundo, el país que ha sido adiestrado para calmar los mercados del crudo produciendo más cuando los precios son demasiado altos y menos cuando hay un exceso. La familia real saudí ha sido reconocida con el galardón de ser la mejor amiga de Occidente por su cooperación. No preocupa que el gobierno no sea democrático y que vulnere los derechos humanos ni que sea un bastión de una forma extrema del Islam. Con el apoyo estadounidense considera que el régimen puede ser protegido y hará lo que sea necesario para garantizar un abastecimiento de petróleo a Occidente a precios razonablemente estables.

Desde el 11 de septiembre la Administración Bush ha ido dándose cuenta progresivamente de que el régimen saudí es vulnerable. Tanto en la calle como en las familias dirigentes -incluida la familia real- se perciben voces anti-occidentales. Osama ben Laden no es más que un ejemplo prominente. La historia de amor con EEUU llega a su fin. Los informes acerca del traspaso de millones de dólares de inversiones saudíes desde EEUU [a otros países] podrán ser difíciles de cuantificar pero son reales. La posibilidad de que la mayor reserva petrolera del mundo caiga en manos de gobierno militante del islamismo y anti-norteamericano se hace probable y eso es inaceptable.

Los estadounidenses saben que no pueden aceptar tal revolución. Por ello deben contar con poder controlar los campos de petróleo saudí si no al gobierno. Y qué mejor manera de hacerlo que teniendo una gran fuerza militar sobre el terreno cuando pueda tener lugar esa quiebra. En nombre de la salvación de Occidente esos bienes vitales podrían ser ocupados y controlados. EEUU no tendrá que depender nunca más de una corrupta e impopular familia para mantener el abastecimiento de petróleo barato. Si se crea el caos en la región, las fuerzas armadas en la región podrán ser consideradas como las salvadoras globales. Bajo la cobertura de la guerra contra el terrorismo, podría lanzarse la guerra para asegurar el abastecimiento petrolero.

Todo este asunto no tiene nada que ver con ninguna amenaza de Iraq: no existe tal amenaza. No tiene nada que ver con la guerra contra el terrorismo o con la moralidad. Sadam Husein es obviamente un hombre pernicioso, pero cuando le vendíamos armas para que mantuviera a los iraníes en su sitio lo era tanto como hoy. Era un instrumento entonces y lo es ahora. Del mismo modo que sirvió a los intereses occidentales entonces, es ahora el sujeto de la distracción mañosa para proteger el abastecimiento del petróleo occidental. ¿Y dónde sitúa eso al gobierno británico?, ¿está en el plan o simplemente es parte de la cortina de humo? El gobierno [británico] habla de moralidad y de la amenaza de las armas de destrucción masiva pero, ¿se lo cree realmente?


DIEZ PREGUNTAS A JOSÉ MARÍA AZNAR
Amnistía Internacional

1.- De acuerdo con el Derecho Internacional, el uso de la fuerza sólo puede utilizarse como último recurso ante un peligro inminente, y siempre en el marco de las decisiones de Naciones Unidas. Como miembro del Consejo de Seguridad, ¿cómo asegurará el Gobierno español que se agotan todos los medios pacíficos para resolver el conflicto? ¿Qué alternativas planteará a una intervención militar de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas?

2.- En el indeseable supuesto de que se produzca una intervención militar en Irak la población civil estará en peligro de muerte, sobre todo en caso de que Estados Unidos y los países aliados utilicen armas de destrucción indiscriminada, cuyos efectos son devastadores. Ante esta amenaza para la población civil, ¿está dispuesto el Gobierno español a comprometerse a no usar, no apoyar y condenar el uso de armas de destrucción indiscriminada como las armas biológicas y químicas, las bombas racimo y las minas antipersona, entre otras?

3.- En caso de colaborar el Gobierno español, logísticamente o con tropas, en una intervención militar en Irak que viole los principios fundamentales del Derecho Internacional y los derechos humanos de la población civil, éste será responsable directa o indirectamente de tales violaciones. ¿Cómo piensa el Gobierno asumir su responsabilidad en caso de violaciones del Derecho Internacional y del Derecho Internacional Humanitario y cómo responderá por ello? Por otra parte, resultan preocupantes las informaciones que apuntan a posibles "acuerdos de impunidad" con los que se aseguraría la inmunidad de altos cargos iraquíes responsables de graves violaciones de derechos humanos, por ello ¿cómo piensa el gobierno español asegurar que los altos cargos iraquíes responsables de graves violaciones de derechos humanos durante los últimos años son llevados ante la justicia sin que puedan beneficiarse de ningún acuerdo de inmunidad?

Greenpeace

4.- Dado que el control de Irak supone un paso decisivo sobre el dominio de las reservas de petróleo y el ataque a este país va a suponer su devastación, ¿qué beneficios económicos pretende sacar Aznar de su apoyo incondicional a la Administración Bush en esta crisis?

5.- ¿Aceptaría usted la utilización de armamento nuclear en la guerra contra Irak, tal y como han anunciado los gobiernos del Reino Unido y EEUU?

6.- En coherencia con lo que exige a Irak, ¿Por qué no exige a Bush y Blair que EEUU y el Reino Unido renuncien a su arsenal de destrucción masiva (nuclear, químico y bacteriológico)?

Intermón OXFAM 7.- En Irak los niveles de mortalidad infantil y desnutrición se han disparado en la última década. 15 de sus 22 millones de habitantes dependen de la ayuda humanitaria. Nuestra experiencia nos demuestra que en una situación tan crítica cualquier intervención militar puede provocar consecuencias devastadoras, millones de personas vulnerables sufrirán hambre y epidemias. ¿Cómo justifica Aznar una intervención que amenaza con agravar la ya de por sí crítica situación humanitaria en Irak?

8.- Irak se encuentra en una región muy susceptible a una escalada de violencia. Cualquier ataque amenaza con exacerbar la precaria estabilidad regional y alimentar la percepción de que la Comunidad Internacional aplica unos criterios para Irak (y el mundo árabe) y otros para Israel. Se estima que en caso de guerra se desplazarán cerca de dos millones de iraquíes a los países fronterizos, cuyas poblaciones sufren la sequía y hambruna que afectan a la región. ¿No considera Aznar que una guerra pone en peligro la relación con el mundo árabe y la percepción de que la Comunidad Internacional aplica un doble rasero?

Médicos sin Fronteras

9.- ¿El Gobierno ha tomado en consideración las consecuencias humanitarias que una eventual intervención en Irak podría tener sobre la población civil?

10.- ¿El Gobierno ha tomado en consideración que la respuesta a las necesidades humanitarias no puede en ningún caso estar subordinada a los intereses militares y políticos que genere el desarrollo de la crisis?

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