El canvi climàtic és una amenaça real?

Alerta por el cambio climático

Una verdad incómoda, una película impactante

El documental de Al Gore sobre el calentamiento, que despierta a los ciudadanos frente a la desinformación. (estrenada el día 3 de novembre)
RAFAEL MÉNDEZ - Madrid EL PAÍS - Sociedad - 31-10-2006

"Yo solía ser el próximo presidente de los Estados Unidos". Al Gore sonríe al público de la sala que ha ido a escucharle y comienza su presentación/película sobre el cambio climático: Una verdad incómoda. Gore presenta datos incontestables sobre el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera a niveles sin precedentes debido al uso de petróleo y carbón, la subida de la temperatura, la pérdida de glaciares y las alarmantes previsiones de los científicos sobre lo que ocurrirá si el uso de petróleo sigue a este ritmo. Gore presenta el problema con fuerza, con un tono didáctico a veces, serio por momentos, dramático en otros y a veces irónico.

El objetivo del ex vicepresidente de Estados Unidos es "comunicar lo más claramente posible" el problema del calentamiento global. "Si el tema no está en boca de los votantes es fácil ignorarlo", explica en el filme, de 100 minutos. Así se lanzó hace años a dar charlas por todo el mundo sobre el tema. Para convencer a la gente cara a cara. Y la charla se convirtió en una película nada usual. Gore aparece con una presentación de PowerPoint sólo al alcance de un ex vicepresidente de EE UU: hay dibujos del creador de los Simpson, imágenes de Gore en un submarino nuclear que emerge en medio del Ártico rompiendo el cada vez más frágil hielo... En medio, intercala imágenes de sus viajes, de su vida (como el accidente que casi le cuesta la vida a su hijo a los seis años) que le dan un tono emotivo o sensiblón, según el espectador. Gore recupera el tono ecologista que en los ochenta le valió el apodo de Míster Ozono con el que los republicanos pretendían desprestigiarle. Entonces acababa de publicar La tierra en la balanza, que se convirtió en emblema ecologista.

Gore niega que haya dudas entre los científicos sobre el calentamiento y destaca que si en la sociedad aún hay escépticos es debido a la desinformación creada por los grupos de presión petrolíferos, como ya hicieron las tabacaleras para negar la relación tabaco-cáncer. Al Gore explica con alarmantes gráficos y recreaciones cómo las enfermedades tropicales llegarán a países ahora a salvo; cómo la subida del nivel del mar puede afectar a Holanda o Florida o cómo la desertización empeora la situación de los ya de por sí países pobres. "Somos testigos del conflicto entre nuestra civilización y la Tierra", remacha. Los datos que aporta Gore no son nuevos. Nada era desconocido. Y sin embargo, pocas formas hay de llegar así al gran público, pocas campañas harán más contra el cambio climático.

La película se estrena el viernes en España y, como dijo la semana pasada el secretario general para el Cambio Climático del Gobierno, Arturo Gonzalo Aizpiri, "es una película que tendría que ver todo el mundo, y especialmente, los políticos, los que toman decisiones". Estaría bien que la viese el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y sus ministros económicos, ya que España es el país que más se aleja del cumplimiento del Protocolo de Kioto. La película tiene especial sentido en EE UU, donde la Casa Blanca de George W. Bush silencia a científicos díscolos, niega el problema y abraza el petróleo. En Europa la teoría está más asumida, pero no tanto la práctica.

Gore concluye que aún se puede hacer algo: "Hay un peldaño entre la negación del fenómeno y la desesperación. Tenemos el conocimiento, energías renovables, formas de ahorrar energía... Sólo nos falta la voluntad política. Y ese sí es un recurso renovable".


Alerta por el cambio climático

"En 10 años ya no podremos invertir el calentamiento"
GLOBAL VIEWPOINT EL PAÍS - Sociedad - 31-10-2006

Al Gore fue vicepresidente de Estados Unidos durante el Gobierno de Bill Clinton y reconoció su derrota por un escaso margen cuando pugnó con George W. Bush por la presidencia en 2000. Desde entonces, ha vuelto a centrarse en cuestiones medioambientales, y su documental An inconvenient truth(Una verdadmolesta) ha desatado una gran polémica. Acaba de fichar como asesor del primer ministro británico, Tony Blair, en temas ambientales.

Pregunta.

En su documental, usted esboza un aterrador panorama del planeta. Pero al final, afirma que lo único que se necesita es un cambio en nuestro estilo de vida. ¿No es demasiado optimista?

Respuesta.

No cabe duda de que no es tan sencillo. Las recomendaciones que aparecen al final de la película sobre lo que puede hacer cada individuo para mejorar la vida en la Tierra son importantes, pero no resuelven la crisis por sí solas. La gente debe organizarse y presionar para que se produzcan cambios en la política oficial. Cada persona que adopte un estilo de vida ecológico está animando al Gobierno a tomar decisiones en nombre de la preservación del medio ambiente. Esto ocurre en California y otros estados de EE UU que van en la dirección opuesta a Washington, que rechazó el Protocolo de Kioto.

P.

Muchos científicos creen que es tarde para evitar el desastre. James Lovelock, creador de la hipótesis de Gaia, asegura que los cambios climáticos aniquilarán al 80% de la población a finales de siglo.

R.

Lovelock, por quien siento un gran respeto, es muy pesimista, y se equivoca al dar por sentado que los seres humanos son incapaces de modificar su conducta. Por lo general, los políticos son demasiado lentos, y pueden actuar con rapidez si reciben presiones del electorado.

P.

Diez años no son pocos para unos cambios que pueden afectar al clima a una escala global.

R.

No es necesario hacerlo todo en 10 años. Sería imposible. Ésa no es la cuestión. Según muchos científicos, si no se hace nada, en 10 años ya no podremos invertir el proceso de calentamiento. Los estudios muestran que es necesario iniciar de inmediato una fuerte reducción de la emisión de gases contaminantes. El primer objetivo sería estabilizar la cantidad de contaminantes de la atmósfera, y luego, cinco años después, empezar a reducir la cantidad de CO2 del planeta.

P.

¿Ya ha empezado a cambiar su propio estilo de vida?

R.

Hace dos años decidí llevar una vida sin emisión de dióxido carbono. Todo lo que hacemos mi familia y yo va destinado a emitir la menor cantidad posible de dióxido de carbono. Utilizamos energía verde, evitamos el agua caliente y apagamos nuestros electrodomésticos cuando no se están utilizando. Por supuesto, todavía cojo aviones comerciales, pero mis emisiones personales de dióxido de carbono en los viajes se ven compensadas por la promoción que hago del tema.

P.

Actualmente, ¿cuál es la mayor amenaza para el planeta?

R.

Yo no veo una única amenaza, sino una combinación de factores. El exceso de población es uno de ellos. La buena noticia es que el tamaño de las familias en países en los que hay educación está disminuyendo de un modo que era inimaginable.

P.

¿Algún día el agua valdrá más que el petróleo?

R.

Dentro de unos años, el agua será un problema grave en muchos países. Esto se debe tanto al aumento de la población como a las estrategias ignorantes de algunos países. En mi opinión, ya vale más que el petróleo. Una botella de agua mineral es más cara que su equivalente en gasolina.

P.

¿Cree que la energía nuclear es una buena alternativa a los combustibles fósiles?

R.

No. Es una opción complicada por los elevados costes, y por el riesgo que conlleva su posible uso bélico.

P.

¿Cree que la experiencia brasileña en el uso de alcohol combustible, como el etanol, puede reproducirse a escala global?

R.

El alcohol es el sustituto más importante que tenemos. Creo que es una solución a la amenaza del calentamiento.

P.

La ecología puede ser un gran negocio.

R.

Excelente. Toyota ha multiplicado sus beneficios con su coche ecológico. General Electric decidió hace poco convertirse en una empresa dedicada a la conservación del medio ambiente, y está ganando mucho dinero con ello. Ocurre lo mismo con DuPont, el gigante del sector químico. Las grandes empresas no ponen en marcha negocios para perder dinero.

P.

¿Cómo evaluaría la política medioambiental del presidente de Estados Unidos?

R.

Yo he perdido la objetividad con Bush. Todas sus políticas me dan miedo. Sus acciones son extremadamente peligrosas para el mundo entero. Censuró la mayoría de las obras científicas que tratan sobre el medio ambiente. Catorce senadores acaban de abrir una investigación sobre el tema. Espero que el Congreso logre castigar al presidente por esto.

P.

¿Todavía está resentido por haber perdido las elecciones ante Bush a pesar de haber obtenido más votos?

R.

No miro al pasado, sino al futuro.

P.

¿Será otra vez candidato a la Casa Blanca?

R.

No es mi intención.

P.

¿Cree que un programa basado en la defensa del medio ambiente ayuda o perjudica en la política estadounidense?

R.

Ayuda, sin duda. Los políticos están empezando a darse cuenta. Mire el caso de (Arnold) Schwarzenegger en California. Está ganando popularidad gracias a sus acciones en favor del medio ambiente. Por supuesto, el terrorismo también es un elemento importante. Los políticos deben tratar ambas cosas de manera inteligente. La guerra en Irak convirtió al terrorismo en una amenaza todavía mayor de lo que ya era. Pero el calentamiento global es la peor crisis a la que hayamos hecho frente.

P.

En el Festival de Cannes, donde se proyectó su documental, suscitó más atención que Tom Cruise o Penélope Cruz. ¿Qué es más emocionante, ser político o una estrella de cine?

R.

Soy lo bastante mayor como para no hacerme ilusiones con la alfombra roja. De hecho, me gustaría hacer otra película. El problema es que necesitaría otros 30 años de experiencia en un tema para tener el valor de presentarla.

 


Los que contaminan deben pagar la factura

JOSEPH E. STIGLITZ

EL PAÍS - Opinión - 19-11-2006

El Gobierno británico ha publicado recientemente el estudio más exhaustivo hasta la fecha sobre los costes y riesgos económicos del calentamiento global y las medidas que podrían reducir las emisiones de gases invernadero, con la esperanza de prevenir en parte las peores consecuencias. El informe, redactado bajo la dirección de sir Nicholas Stern, de la London School of Economics -que fue mi sucesor como economista jefe del Banco Mundial-, expone con claridad que ya no se trata de si podemos permitirnos el lujo de hacer algo para remediar el calentamiento global, sino de si podemos permitirnos el lujo de no hacer nada.

Es mejor gravar la nociva contaminación que cosas positivas como el ahorro y el trabajo

El documento propone un orden de prioridades cuyo coste equivaldría al 1% del consumo anual y ahorraría al mundo unos costes de riesgo equivalentes a cinco veces más. Los costes que se atribuyen al calentamiento global son superiores a los de estudios anteriores porque el informe tiene en cuenta las pruebas, cada vez mayores, de que el proceso de calentamiento global es muy complejo y no lineal, y de que es verdaderamente posible que avance a mucha más velocidad y se extienda mucho más de lo que antes se pensaba.

En realidad, es muy posible que el cálculo de los costes que hace el estudio se quede muy corto: por ejemplo, el cambio climático puede provocar una mayor variabilidad del tiempo, la posible desaparición o transformación de la corriente del Golfo -que interesa especialmente a Europa- y el florecimiento de diversas enfermedades.

Cuando trabajé en el Equipo Intergubernamental sobre Cambio Climático, el grupo científico que evalúa de forma periódica las bases científicas del calentamiento global, existían pruebas aplastantes, ya en 1995, de que la concentración de gases invernadero en la atmósfera había aumentado notablemente desde los comienzos de la revolución industrial, de que la actividad humana había contribuido de forma significativa a dicho aumento y de que eso iba a tener profundas repercusiones en el clima y el nivel del mar. Pero pocos sabían, por ejemplo, que el casquete ártico iba a derretirse con tanta rapidez como se ve hoy.

Aun así, algunos sugieren que, dado que no sabemos hasta qué punto va a ser nocivo el calentamiento global, lo mejor sería que no hiciéramos nada o prácticamente nada. En mi opinión, la incertidumbre debería empujarnos a lo contrario, a actuar ya, no con menos decisión sino con más. Como dice un amigo mío científico: si estás conduciendo por una carretera de montaña, cerca de un precipicio, en un coche cuyos frenos pueden estar mal, y aparecen bancos de niebla, ¿conduces con más o con menos cuidado? El calentamiento global es uno de esos casos infrecuentes en los que la comunidad científica tiene más miedo que la población general de lo que puede ocurrir. Los científicos han vislumbrado lo que puede depararnos el futuro.

El informe Stern destaca que, como de costumbre, los pobres son los más vulnerables. La tercera parte de Bangladesh estará sumergida bajo el agua a finales de este siglo. Las Maldivas y un montón de Estados situados en islas del Pacífico desaparecerán: una Atlántida del siglo XXI.

Para un economista, el problema es evidente: los que contaminan no están pagando plenamente los daños que causan. La contaminación es un efecto externo de alcance mundial y de proporciones inmensas. Los países avanzados no querrán hacer daño a Bangladesh ni a las islas que van a desaparecer, pero ninguna guerra podría tener efectos más destructores.

La mejor manera de hacer frente a un efecto mundial es un impuesto acordado por todo el mundo. Esto no quiere decir aumentar la fiscalidad total, sino sustituir en cada país alguno de los impuestos actuales por un impuesto de contaminación (carbono). Es mucho más razonable gravar cosas que son nocivas, como la contaminación, que cosas que son positivas, como el ahorro y el trabajo.

Aunque el presidente George W. Bush dice que cree en los mercados, en este caso ha hecho un llamamiento a la acción voluntaria. Sin embargo, tiene mucho más sentido usar la fuerza de los mercados -el poder de los incentivos- que depender de la buena voluntad, sobre todo en el caso de las compañías petrolíferas, cuyo único objetivo es obtener los máximos beneficios, independientemente del coste para otros.

Al parecer, Exxon ha financiado supuestos grupos de estudios para minar la confianza en la ciencia que se ocupa del calentamiento global, del mismo modo que la industria del tabaco financió "investigaciones" para poner en duda los datos estadísticos que mostraban la relación entre tabaco y cáncer. Algunas empresas incluso parecen celebrar que el casquete polar se derrita, porque disminuirá los costes de extraer el petróleo existente bajo el océano Ártico.

Por fortuna, existen muchas maneras de que unos incentivos mejorados ayuden a reducir las emisiones. Eso puede conseguirse, en parte, eliminando todos los subsidios destinados a usos ineficaces.En el sistema impositivo de Estados Unidos se encuentran, ocultos, miles de millones de dólares en subsidios a las industrias del gas y el petróleo. Y en cambio, ese país impone aranceles al etanol obtenido del azúcar.

Lo más importante es que unos precios que muestren los auténticos costes sociales de la energía derivada de los combustibles fósiles fomentarán la innovación y la conservación. Alterar mínimamente las costumbres, cuando lo hacen cientos de millones de personas, puede suponer una tremenda diferencia. Por ejemplo, cambiar el color de los tejados en los climas cálidos para que reflejen la luz solar y plantar árboles alrededor de las casas son medidas que pueden permitir un gran ahorro de la energía que se dedica al aire acondicionado.

Tenemos un solo planeta, y debemos valorarlo como merece. El calentamiento global es un riesgo que ya no podemos permitirnos el lujo de ignorar.

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